Hay juegos pequeños que entran en casa con buena pinta y a las dos semanas ya viven en un cajón. Con No sin mi Gato, la idea tiene más recorrido del que su caja sugiere: partidas cortas, reglas asumibles y un reto visual que se entiende rápido.
Su planteamiento es sencillo. Hay que colocar o girar canalones para abrir un camino y llevar a los gatos hasta un refugio. Esa mezcla de laberinto urbano y puzle hace que pueda encajar tanto en una tarde con niños como en un rato breve en casa.
