Hay cenas que nacen de la planificación y otras que aparecen porque alguien dijo “¿y si hoy hacemos kebab en casa”. En ese segundo grupo entra este asador vertical giratorio: más que una receta, es un pequeño evento doméstico.
La gracia no está solo en comer. Está en ver la carne dorarse mientras gira, en cortar finito y montar el pan a tu manera, sin turnos ni colas. También en asumir que la cocina va a oler a especias durante horas y que el fregadero tendrá trabajo.
Si te gustan los planes de “hoy toca capricho” con amigos o familia, este tipo de aparato convierte la encimera en barra y la cena en ritual.
